El logo es el signo. La identidad visual es el conjunto de decisiones que hacen que ese signo viva en el mundo: color, tipografía, composición, fotografía, tono de las piezas y reglas de aplicación.
Confundir ambos es el origen de muchos proyectos rotos. Se encarga “un logo”, se aplica como se puede, y cada campaña parece de una empresa distinta.
Una identidad visual bien dirigida te dice cómo se comporta la marca en un escaparate, en un packaging o en una web. El logo cabe dentro; no lo sustituye.
En Wanderbird diseñamos el signo y el sistema, y coordinamos la producción para que esas reglas sobrevivan al taller y al digital. Así no se pierde criterio entre intermediarios.
Si solo tienes un archivo de logo y nada más, no tienes identidad: tienes un recorte. El siguiente paso es construir el universo visual y las herramientas para aplicarlo.
